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SADUS: Místicos, vagabundos y ascetas

Los sadus son místicos mendigos vagabundos y ascetas de la India que llevan una vida sumamente austera, los cuales abandonan la vida materialista al NO obtener la felicidad que normalmente cualquier mortal busca, para sumirse así al camino de la espiritualidad… Dependen de la generosidad de otros para incluso alimentarse, de tal forma que un puñado de arroz que se le pueda dar a un sadu, puede valer una plegaria a Dios que contribuya a la salvación de nuestra propia alma.

Todo sadu renuncia a las posesiones materiales. Son personas que abandonan completamente la vida mundana, para pasar al resto de sus días en peregrinaciones que los llevan de un sitio a otro, de un templo a otro templo, siempre en búsqueda de una meta superior: la salvación y felicidad espiritual. Se trata de una vida de exploración, de averiguación, de búsqueda, en donde las preocupaciones mundanas interfieren con el progreso espiritual.  Como deben deshacerse de toda posesión material que no sea lo absolutamente necesaria, la ropa se reduce a un pedazo de tela en algunos casos y en otros, sobretodo entre los más ortodoxos, ni si quiera se lleva el pedazo de tela. Hay algunos sadus que se pasean totalmente desnudos no solo en la tradicional Calcuta, si no hasta en la mismísima capital de la India, Nueva Delhi, por haber en ese país una total tolerancia hacia todo tipo de práctica espiritual. También hay ocasiones, durante ciertos festivales religiosos, en donde los sadus se desnudan totalmente en una procesión que termina con una limpieza en el río más sagrado de la India: el Ganges. La desnudez de los sadus es un visible expresivo simbólico de su renunciación materialista. También hay un número grande de sadus mujeres (saduweenies), pero estas, al contrario de los hombres y por el peso de las convenciones sociales, no llegan a la desnudez total; Por lo tanto, tampoco pueden aspirar al perdón total.

Sin embargo, la renuncia de lo material no basta y además practican distintas formas de austeridad y mortificación llevando una vida ascética. Por lo tanto, la posesión de propiedades, el placer de la compañía del sexo opuesto y la acumulación de dinero deben eliminarse. Para  otros sadus, la salvación del alma sólo se puede lograr mediante actos de ascetismo extremo realizando acciones que vallan más allá de los poderes mentales normales y que hagan enfocar la mente hacia la luz espiritual que es Dios. ¡Es este el verdadero final del camino! Tienen la firme convicción de que al poder dominiar las necesidades del cuerpo a través de la mente, perfeccionan la disciplina necesaria para concentrarse en una total meditación y así lograr la difinitiva salvación a través de los espiritual.

Por ello, los sadus han realizado proezas de ascetismo en demostraciones de poder que han adquirido sobre la mente y la habilidad de concentrarse en lo espiritual. Hablar, para algunos de ellos, se considera una distracción. Creen seriamente que el hablar es una pérdida de tiempo, de energía para el cuerpo y la mente a través de la respiración ,por lo que hay sadus que enmudecen durante 5, 10, 15 años e incluso, toda su vida. Hay sadus que se creen en la necesidad de realizar actos que ayuden a la mente superar todo tipo de problema físico. Hay algunos que se mantienen de pie, sin sentarse ni acostarse, durante toda una década aunque se les permite inclinarse sobre una vara, hasta formar un ángulo de 60º en relación al suelo. Como es de esperarse, las piernas se les hinchan y la circulación se les entorpece, por lo que se hacen masajear por sus acompañantes en sus peregrinajes. Igualmente hay sadus que ayunan durante largísimo tiempo, abusando de la capacidad de sus cuerpos hasta el punto de la inanición. Otras medidas de la más rígida austeridad y muy practicada por estos ascetas, es el dormir sobre camas de espinas o clavos y el meditar durante largos períodos encima de frigidísimos glaciares en las altas montañas del Himalaya, sobretodo en la zona de origen del sagrado Ganges.

Pero no todo es sufrimiento y dolor para ellos. De hecho, los sadus interactúan entre sí de tal forma que el observador se lleva la impresión de estar frente a diversas cofradías de hermandad entre ellos. Estas se distinguen unas de otras con marcas que llevan en la frente y existen reglas de conductas internas entre ellos que aunque nunca se hayan escrito, se respetan cabalmente. De hecho, quizás los sadus parecen mucho más felices que la mayoría de los hindúes: Tienen los ojos más brillantes, hacen gestos más elocuentes y tienen una sonrisa más amplia que cualquier otro. Pero los sadus no son seres perfectos, porque al existir en ellos su condición humana, también habrán algunos fracasos o desvíos en sus caminos. ¿Por qué tendrían que ser ellos totalmente inmunes a las tentaciones de este mundo? Lo importante es que se esfuerzan por llegar a la meta espiritual y que creen en ella.

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