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Reflexiones sobre mi viaje a la India

Después de un intenso y agotador viaje toca reflexionar, meditar, pensar en definitiva sobre todo lo vivido y experimentado en la India. Una agenda apretada, un corre-corre constante, un avión, un taxi, un tren, ¡puf! una ciudad. Un tuk-tuk, otro tren, más corre-corre… y la India no se merece esto,  se merece algo más. Se merece más tiempo ¡mejor!, se merece más pausa, más “contaminación” en palabras de Pedro Guerra. Nos pudo el ansia de conocer, de ver, nuestra curiosidad ante un destino cargado de mitos y leyendas, historias y culturas en plurales, imágenes devoradas una detrás de otra por nuestras modernas y eficientes capturadoras digitales… insisto, la India se merece algo más.

Traemos miles de fotografías, tarjetas de memoria llenas y agotadas de tanto píxel tricolor, imágenes que dan fe de lo visto más que de lo vivido y no obstante si algunos de estos estractos visuales de la realidad india movilizan algo en el imaginario de aquel que vea alguna de nuestras fotografías me sentiré, al menos, en algo complacido.

Nunca fue mi primera y premeditada intención documentar la vida en la India, aunque algo debía haber en mi subconsciente que curiosamente ha trascendido en las imágenes obtenidas, fruto seguramente de la sutil influencia de observar cientos o miles de imágenes de diferentes exposiciones y publicaciones de viajes. Pero entonces, qué esperaba de mi viaje a la India, ¿experiencia?, ¿enseñanza?, ¿traerme una recopilación de postales de facturación propia?… Me imagino que un poco de todo y al final un poco de nada. Exagero un algo, como quien dice, pues historias, vivencias y postales traigo, pero la pregunta está ahí, qué soy, o mejor dicho, cuando salgo de viaje con mi cámara en ristre qué quiero ser ¿turista, viajero, periodista, fotógrafo a secas…?

Después de un año y del gran viaje que damos alrededor del sol, sigo reflexionando, meditando y pensando y solo tengo clara una cosa, que la India se merece algo más.


Loo, un viento maligno

El Loo, también llamado Lu, es un viento local del noroeste de la India, muy seco y caliente, que precede al monzón en el verano indio. Y hablo de él aquí porque “casualmente” afecta a la zona a la que vamos y en la época en la que vamos y es el responsable de que las temperaturas puedan alcanzar ¡los 50ºC!.

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¿Quién fue Jim Corbett?

Jim Corbett fue muchas cosas, pero lo que le hizo famoso fue su ocupación de cazador de tigres devoradores de hombres, una “profesión” hoy por hoy extinguida o casi extinguida que sin duda le haría merecedor de un papel entre los personajes de La Caverna del genial Saramago.

Los tigres devoradores de hombres −man-eaters tigers, como se les llamaba ya en la India allá por el siglo XIX− eran tigres que se habituaban a atacar a los humanos y que tenían aterrorizadas a las poblaciones locales. Extremadamente astutos y hábiles cazadores  aprendían pronto que los hombres eran presa fácil y que poco tenían que hacer en el cuerpo a cuerpo, de modo que causaban centenares y centenares de muertes cada año.     Continuar leyendo


La India por dentro

 

Buscando bibliografía sobre la India encontré una reseña en la que alguien recomendaba el libro La India por dentro. Una guía cultural para el viajero,  de Álvaro Enterría (2006). Decía que el autor, un español que lleva más de 20 años viviendo en aquel país, sabe de lo que habla y que el libro es una excelente descripción de todas las facetas de la cultura india.  Ávido de información sobre nuestro próximo destino lo busqué, lo hojeé y lo compré, a pesar de que lleno de prejuicios esperaba encontrarme un libro árido, cargante de datos y seguramente lleno de comentarios críticos con la forma de vida occidental.

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Osos bailarines

AFP: Rob Elliot

  
Hasta hace unos años era común ver osos “bailarines” a lo largo de las principales carreteras del país para entretenimiento de los locales y atracción de los turistas, que por unas pocas rupias conseguían llevarse a su país una “buena” foto. Son osos bezudos, también llamados osos tibetanos (Balhu, en hindi) que son entrenados desde jóvenes para que bailen al son que les marca el domador. Esta costumbre prácticamente ha desaparecido, pero por desgracia no se ha erradicado por completo.

Monos

Hay dos especies de monos que están por todas partes en el norte de la India. Son propias de bosques, selvas y matorrales, pero han aprendido a vivir y encontrar comida cerca del hombre, de modo que han invadido ciudades, pueblos, templos y todo tipo de lugares humanizados.

El langur común (Semnopithecus entellus) es inconfundible por su pelo gris plata y su cara negra. Se le llama también Langur Hanuman (aunque dudo que los indios lo llamen así) porque se cree que es la reencarnación del dios hindú Hanumán (el Dios Mono). Lo consideran un mono sagrado y por eso se le respeta y se le tolera en ciudades y templos; incluso en ciertas fiestas se les alimenta con golosinas.

El macaco Rhesus (Macaca mulatta) es también fácil de identificar por su color marrón y su cara rosa. Es agresivo y muy confianzudo, y coge comida o cualquier cosa que llame su atención con impunidad. En las ciudades han cambiado las ramas de los árboles por fachadas de edificios, cables eléctricos y retrovisores de los coches, moviéndose libremente entre los humanos. En algunas urbes llegan a ser excesivamente abundantes empezando ya a suponer un problema, de modo que hay gente especializada en capturarlos y retirarlos de las calles.

Aunque es propio del continente asiático es un mono muy conocido en todo el mundo por su estrecha relación con la ciencia. De hecho, es ese mono que viajó al espacio en numerosas ocasiones en el siglo pasado (por ejemplo viajó en varias expediciones del Apolo en los años 50 y 60). Además en esta especie se descubrió el factor “Rh” del grupo sanguíneo, de ahí su nombre y, por si fuera poco, fue el primer primate que consiguió clonarse.

Aquí van un par de videos ilustrativos de sus hábitos “urbanícolas”.

Langur común en Pushkar

Macaco Rhesus en Agra


El Libro de la Selva

Nunca me había planteado dónde estaría la selva del cuento, de dónde sería Mowgli, o en qué jungla convivirían de verdad todos los animales protagonistas. Y resulta que acabo de descubrir que es ¡en la India!… ¡qué sorpresa!… Bueno no tanta, ya lo sé…. Pero es que desde que decidimos hacer este viaje, la India está por todas partes.

El libro de la selva es una historia india, ambientada en la India y escrita por un autor británico nacido en India, R. Kipling. No pude resistir la curiosidad de saber en qué zona del país, así que me “bajé” el libro original, supongo que por aquello de saber si en este viaje pasaríamos cerca. Espero que no sea un síntoma de ese síndrome friki de querer visitar los escenarios en los que se desarrollan los best-seller.

Pues bien, en la primera línea del primer cuento ya se ubica la historia: en Seeonee Hills. El nombre es ficticio pero según los biógrafos se refiere a las colinas próximas a la ciudad de Seoni (en Madhya Pradesh), por desgracia muchos kilómetros al sur de Delhi y de la zona por la que nos moveremos. Mi gozo en un pozo.

Los animales protagonistas viven en la India, aunque no todos en la selvas de Seoni, por lo menos no hoy en día. Baloo, el oso bonachon; Bagheera, la pantera negra que junto con Baloo hace de mentor de Mowgli; Akhela, el jefe de la manada de lobos indios; Kaa, la serpiente pitón hipnotizadora; Bandar log, la desorganizada tribu de monos langur; Hathi, el elefante indio; y Shere Khan, el señor de la selva, que en esta historia encarna el mal y que como no podía ser de otra forma es un fiero tigre de Bengala.

El libro de la selva ha entretenido a muchas generaciones. Nosotros, los cuarentones (creo que la mayoría de los lectores de este blog lo somos) crecimos viendo a Mowgli en dibujos animados de Walt Disney; nuestros padres nacieron con la película (estrenada en 1942) y nuestros abuelos con la historia original de R. Kipling (editada en 1894). Ahora nuestros hijos, por lo menos los míos, crecen viendo el DVD de El libro de la selva 2, eso sí, una y otra vez.

Sin embargo, la historia original no tiene nada de infantil. Es en realidad un compendio de cuentos que son fábulas con lecciones morales sobre la convivencia, la amistad, y el bien y el mal.

Pero ¿por qué atrae tanto a los niños la historia de El libro de la selva? Debe ser el hecho de que un niño indefenso viva entre bestias salvajes y sea capaz de sobrevivir. Es el peligro inofensivo. Algo parecido a lo que dijo Stephan J. Gould de la fascinación que sienten los niños por los dinosaurios: “…les gustan porque son grandes, malos y están extinguidos”.